Esta reforma en Gràcia transformó un bajo de 65 m² en una vivienda creativa e inspirada en los viajes. El apartamento se encuentra en un edificio de los años treinta cerca de Carrer de Verdi e incluye un patio privado de 18 m², salón-comedor con cocina abierta, un dormitorio y un baño. Aunque la vivienda está orientada al norte, el patio aporta cielo abierto y lleva la luz natural al interior.
Materiales e identidad
Los materiales tienen un papel central. Se colocó hormigón pulido en tono gris claro cálido en toda la vivienda, generando continuidad y una ligera cualidad reflectante. En la zona de estar se conservó y selló un muro de ladrillo visto original, que aporta textura y autenticidad.
Cocina
La cocina añade mucho carácter al espacio. Se combinaron muebles lacados en verde bosque con estanterías abiertas de acero negro y encimera de terrazo blanco con fragmentos verdes y negros.
Conexión interior-exterior
Uno de los rasgos más importantes es la relación entre interior y exterior. Se instalaron puertas plegables de acero negro y vidrio que se abren completamente hacia el patio, ampliando visualmente la zona de estar.
Baño
El baño continúa el mismo lenguaje de diseño con azulejos zellige artesanales en blanco roto y verde salvia. Su textura irregular añade suavidad y refuerza el carácter artesanal del proyecto.
Carácter general
La reforma apuesta por la originalidad frente al lujo convencional. La vivienda combina referencias de Lisboa, Berlín y Barcelona, con un resultado joven, creativo y muy personal.