Esta reforma en Sarrià transformó una vivienda en planta baja de 160 m² en un hogar familiar tranquilo y lleno de luz. El apartamento se encuentra en un edificio residencial de los años sesenta cerca de Carrer de Canet y cuenta con cuatro dormitorios, dos baños, cocina independiente amplia y un jardín privado de 60 m² orientado al sur.

El edificio no tenía elementos decorativos originales, por lo que la reforma creó una identidad desde cero. El diseño se centró en tres cualidades: calidez, durabilidad y refinamiento material discreto.

Suelos y paredes

En toda la vivienda se instaló tarima de roble europeo macizo de lama ancha en tono natural. Las paredes se terminaron con pintura a la cal en blanco cremoso, aportando una textura suave y una sensación luminosa.

Cocina

La cocina se diseñó como corazón de la vida familiar. Mobiliario estilo shaker en blanco cálido se combina con una encimera gruesa de mármol Calacatta Viola, cuyas vetas púrpuras y grises añaden carácter.

Baños

Ambos baños utilizan porcelánico de gran formato con aspecto de piedra marfil cálida en piezas de 120 × 60 cm y grifería de níquel cepillado. El resultado es limpio, resistente y suavemente lujoso.

Muro hacia el jardín

El cambio arquitectónico más importante fue rediseñar por completo la fachada posterior con puertas y paneles fijos de acero y vidrio de marco fino, conectando la vivienda con el jardín.

Jardín

El jardín se paisajizó para ser elegante y fácil de vivir: terraza de piedra caliza, olivos, lavanda y césped rectangular crean un ambiente mediterráneo consolidado.